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La Austria Imperial

Durante sus siglos de hegemonía en Europa, los Habsburgo no solo demostraron su pasión por la construcción, sino también por viajar, como demuestra la diversidad de edificios imperiales distribuidos por toda Austria.

Hofburg -Palacio Imperial de invierno en Viena, Apartamentos imperiales © Hofburg Kaiserappartements
Hofburg -Palacio Imperial de invierno en Viena, Apartamentos imperiales © Hofburg Kaiserappartements
Villa imperial en Bad Ischl © Kaiservilla
Villa imperial en Bad Ischl © Kaiservilla
Palacio Schloss Hof en Marchenfeld, Baja Austria © Lois Lammerhuber
Palacio Schloss Hof en Marchenfeld, Baja Austria © Lois Lammerhuber

Tanto en Graz, como en Innsbruck o Viena: en todo el país puede percibirse la herencia del pasado imperialista de Austria, sin embargo, en ningún otro sitio es tan evidente como en la capital, Viena, donde puede experimentar este ambiente imperial con tan solo visitar una de las diversas cafeterías históricas. Podrá seguir las huellas de esta dinastía imperial por todo el centro de la ciudad: la iglesia de San Agustín en la Josefplatz fue antiguamente el escenario de las bodas de los Habsburgo, mientras que su sepultura se encontraba en la cripta imperial, debajo de la iglesia de los Capuchinos. Sin embargo, a la mayoría de los visitantes les atraen los ostentosos palacios, como el Palacio de Schönbrunn, de estilo barroco, que cuenta con nada menos que 1441 habitaciones. Los lujosos salones y habitaciones de la familia imperial fascinan cada año a 1,5 millones de visitantes, pero sus sofisticados jardines ya son razón suficiente para venir. Estos jardines no solo seducen a los turistas, sino que los vieneses también acuden a diario para subir hasta la glorieta y detenerse en la cafetería más hermosa de Viena o dar una vuelta por el parque zoológico más antiguo del mundo. En los jardines del palacio también se celebra cada año el concierto de verano de la Orquesta Filarmónica de Viena, una experiencia musical muy especial: el palacio iluminado forma un impresionante escenario y la entrada es gratuita.

En el Palacio Imperial de Hofburg, que se utilizaba principalmente para representaciones, puede visitar los antiguos Apartamentos Imperiales. En concreto, la Platería de la Corte ilustra con todo detalle la vida cotidiana imperial: basta con ver la ostentosa cultura gastronómica de los Habsburgo para entender el enorme esfuerzo que suponía gestionar una corte de hasta 5000 personas. Por otro lado, el Museo de Sisí le mostrará la vida privada de la popular emperatriz. Aparte del tocador y la habitación de gimnasia, podrá contemplar una reproducción del vestido que llevaba en la víspera de su boda, su bata y su máscara mortuoria. Unos testigos mudos de una vida que terminó demasiado pronto y de forma violenta, lo que no hizo más que contribuir al «mito de Sisí».
Paseo imperial por Viena.

En cambio, las terrazas del antiguo Palacio Hof, al lado del Danubio, se llenan de vida con los festivales barrocos que allí se celebran y transportan al presente el estilo de vida disoluto de aquella época. Este opulento palacio, donde se celebraban las fiestas, fue en sus inicios un “regalo principesco” para el Príncipe Eugenio de Saboya de los Habsburgo, en recompensa por su victoria contra los turcos. Tras años en ruinas, fue reformado a finales del milenio y ahora vuelve a brillar con todo su esplendor.

Otro de los edificios bien conservados es la Villa Imperial de Bad Ischl, en la que veraneaba la nobleza. Con la llegada del verano, los Habsburgo se retiraban a Salzkammergut, seguidos por todas aquellas personas que pudieran permitírselo. Todo empezó con un simple balneario, al que la pareja imperial, Francisco José y Sofía de Baviera, por aquel entonces aún sin hijos, acudieron por recomendación de su médico; pero también su hijo el Emperador Francisco José y su mujer Elisabeth pasaron varios veranos en la Villa Imperial de Bad Ischl. Esta villa solo puede visitarse durante los meses de verano y aún conserva la misma imagen que una vez ofreció al emperador y su familia. Ya entonces la pastelería Zauner, proveedora de la corte, mimaba los paladares más exigentes con dulces selectos, y aún hoy es una cita que no se puede perder en su excursión a Bad Ischl.

Los Habsburgo se establecieron también en el Tirol, más por motivos políticos que para relajarse. Para el Emperador Maximiliano I, su residencia en Innsbruck, la “capital de los Alpes”, representaba más bien un fácil y cercano acceso de acuerdo con su afán de expansión hacia la Europa occidental. Actualmente, el legendario Goldene Dachl (tejadillo dorado), entre otros, nos recuerdan su dominio: esta especie de palco real, que contaba con las mejores vistas a la plaza principal, se convirtió rápidamente en el símbolo de Innsbruck. El mausoleo del emperador, situado en la iglesia imperial de Innsbruck, es considerado aún hoy como una de las obras artísticas más importantes del Renacimiento en Europa Central.

Uno de los secretos locales es el Herzogshof de Graz, donde los Habsburgo se encargaban de los asuntos oficiales como señores de Estiria. Toda la fachada del edificio, de unos 220 m2, fue pintada con frescos por el pintor barroco Johann Mayer, e ilustra dioses de la mitología grecorromana. Hay que admitir que estos Habsburgo tenían un gusto exquisito, y no hay que ser ningún admirador del Imperio austrohúngaro para poder deleitarse con sus tesoros en la actualidad.

Más información sobre la historia de los Habsburgo
www.habsburger.net