En los museos de Austria hay que estar preparado para todo.
La colección de
Brueghel más grande del mundo, la colección de
Klimt más grande del mundo... Para aquel que ame lo superlativo, los museos de Austria son el
destino perfecto. Pero además de los grandes museos, como el Museo de Historia de Arte o el
Palacio Belvedere, en Viena hay innumerables alternativas más desconocidas pero no menos interesantes: sólo en Viena hay más de 100 museos; y si se sale de la capital, incluso puede llegar a ser toda una aventura. Cuando se pasa el umbral de una puerta uno se encuentra de repente en medio de un mar prehistórico...
El Museo Natural inatura en Dornbirn, uno de los museos naturales más modernos de Europa, despierta la fauna y flora de los bosques de Bregenz de entonces y de hoy en día, con proyecciones en directo, viajes virtuales y otras espectaculares ideas. Aquí también puede sumergirse en el fascinante
mundo de la técnica: Más de 40
estaciones interactivas en seis ”Science Zones” acercan al visitante a los fenómenos físicos, técnicos y mecánicos a modo de juego. Sus visitantes entienden por qué este museo ha sido galardonado con el premio europeo de los Museos.
El arte de la lentitudEl pueblo-museo Mönchhof, en Burgenland, ofrece nostalgia en lugar de hightech. Aquí se muestra la vida de antaño en Seewinkel de forma gráfica: aquí se ha construido todo un pueblo al estilo de los años 50 y 60, con la
iglesia, la consulta del médico, la escuela,
los talleres y bodegas. Se puede pasear tranquilamente por las calles, conocer el ambiente de las casas antiguas que han sido decoradas fieles al original, disfrutar de un vaso de vino en una fonda de aquella época y así entender cómo trabajan, vivían y festejaban las personas de entonces. El ambiente es similar en e
l museo al aire libre de Stübing en Estiria, donde incluso se pueden probar algunos oficios antiguos. Lo bueno de estos museos es que no sólo se conoce la vida de los campesinos de entonces, sino también el arte de la lentitud.
Fachadas interesantesLos edificios de los
museos austriacos modernos también son interesantes: especialmente la
Kunsthaus de Graz, la burbuja fluorescente situada en el centro histórico de la ciudad parece un ser extraterrestre, por lo que se ha ganado el mote de ”Friendly Alien”.
El museo Liaunig, en Carintia, que, entre otras, aloja una completa colección de arte contemporáneo, también se sale fuera de lo común. La reducida construcción está casi totalmente integrada en el paisaje: desde afuera sólo se ve el ala larga de la galería, el resto del museo
está situado debajo de la tierra.