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Repostería

El nombre “mehlspeise” sigue resultando una incógnita para los no austriacos.

Tarta Sacher © Österreich Werbung
La explicación no es tan plausible como se cree, porque aunque antes también se llamaba así a comidas saladas, como el típico plato campesino “sterz”, hecho a base de sémola de maíz o alforfón, hoy en día “mehlspeise” es sinónimo de la cultura de los dulces de todo un país, que hace que incluso a los sibaritas más exigentes se les haga la boca agua. Ahora incluso hay mehlspeisen que no contienen harina... pero no queremos confundir.

Pero lo que está claro es que los austriacos adoran sus mehlspeisen o dulces tanto como el resto del mundo. Ya sean palatschinken o knödel de albaricoque, ruedas de manzana rebozadas o un strudel de requesón recién salido del horno: lo que en épocas de escasez sustituía muchas veces a los caros platos de carne es hoy en día componente fijo de toda carta de restaurante que se precie. La importancia que se da en Austria a los dulces se ve reflejada en las más extrañas circunstancias. En honor de algunos platos incluso se compone una canción, como para los “salzburger nockerln” (plato a base de merengue) que la canta ni más ni menos que Peter Alexander.

Y otros se hacen famosos porque un gobernador californiano de origen austriaco habla siempre entusiasmando del “strudel de manzana de mamá”. E incluso se provocan largas discusiones legales sobre quién puede llamar su
tarta Sacher la “Tarta Sacher Original”: el Hotel Sacher o la confitería de la corte del imperio Demel. Por cierto, el pleito lo ganó el primero. Y hablando de la tarta Sacher; la receta original sigue siendo un secreto muy bien guardado y se mantiene intacta. A pesar de que a algunos les gustaría modificar ligeramente la receta de la tarta más famosa del mundo para adaptarla al gusto local de su clientela. Para los amantes del chocolate que deseen experimentar no hay mejor destino que la manufactura de chocolate Zotter: las combinaciones de sabores, llenas de fantasía y algunas muy audaces, del chocolate fair trade producido a mano, han convencido incluso hasta el exigente paladar de la reina británica.