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La cultura de los cafés vieneses

Los vieneses dicen que consiguieron como botín sacos con granos de café en 1683, durante la retirada de los turcos tras su infructuoso asedio. Pero la verdad es que su sabor fue descubierto gracias a un honrado espía de la corte imperial, que en 1685 abrió la primera cafetería vienesa.

Aproximadamente 300 años más tarde, la cafetería vienesa es toda una institución que no puede compararse con ninguna otra en el mundo. Los vieneses incorporaron a su cultura el arte de tomar el café y lo elevaron a una forma de vivir. Nada más entrar en una cafetería quedará envuelto en un agradable ambiente. Los bancos acolchados y suaves rodean las mesitas de mármol, las sillas Thonet chirrían en el parquet y los espejos reflejan una suave y tenue luz. El mobiliario de algunas cafeterías es realmente suntuoso. De aspecto desgastado y oscurecido por el paso del tiempo, proporciona a la cafetería lo más importante: ambiente.

El pedido como billete de entrada
Da acceso a una época apartada del ajetreo diario. La entrada a este lugar es, desde hace generaciones, una taza de café. Tras seleccionar la variedad, Kleiner Schwarzer (café solo), Kapuziner (café con nata montada), Einspänner (café vienés) o Melange (café con leche), solo por mencionar algunas de las especialidades de café, puede sumergirse en un mar de calma y hacer lo que más le apetezca: leer uno de los diarios que hay repartidos, enfrascarse en la lectura de un libro que haya traído, navegar por internet con el WiFi gratuito, hablar sobre Dios y el mundo o tratar sobre negocios. En algunas cafeterías las cartas y las mesas de billar de la época imperial y monárquica invitan al juego. La cafetería vienesa se convierte así en una “prolongación del hogar”, no está ni en casa ni al aire libre, y es el lugar ideal para aquellas personas que necesiten estar en sociedad para estar solas.

En 1900 un círculo de autores pasó a la historia como los literatos de las cafeterías vienesas: no solo intercambiaban opiniones en las cafeterías, sino que también las convirtieron en su lugar de trabajo. Uno de ellos, Peter Altenberg, indicó la dirección de su local habitual en su tarjeta de visita y como dirección de su domicilio y su dirección postal; el Café Central le rindió homenaje con un monumento por ello. Antes de que los escritores descubrieran las cafeterías, ya eran el dominio de los compositores: Johann Strauss, hijo y padre, presentaron en ellas sus nuevas obras, y también Mozart y Beethoven hicieron famosas sus piezas en las cafeterías.

El servicio es parte del programa
Las cafeterías vienesas destacan por su servicio tan especial: tan solo sus horarios, desde primera hora de la mañana hasta medianoche, ya son impresionantes. A esto hay que añadir el personal, casi siempre camareros que responden a la llamada de "Herr Ober" -  “¡Camarero!” y acuden de inmediato para tomar nota con su peculiar gracia y encanto vienés. No hay que olvidar los cómodos asientos y, por supuesto, los pequeños platos, dulces o picantes, que consiguen hacer que una larga parada en una cafetería sea de lo más agradable. Además de los platos del día, también ofrecen las clásicas salchichas de Viena con mostaza o bocadillos, así como la cautivadora combinación de periódico y desayuno.

Cabe señalar que los dulces son un encanto especial de cada cafetería. Casi siempre son de elaboración propia y, a menudo, según una receta del establecimiento muy bien guardada: la tarta Sperltorte del Café Sperl es una absoluta delicia, al igual que la tarta casera del Kaffee Alt Wien. El Café Korb, apreciado por mantener aún su mobiliario original al estilo de los años 50, sirve los mejores Apfelstrudel (rollo de manzana con canela) de la ciudad. En cambio, el Café Hawelka, con un mobiliario de estilo modernista difícil de abarcar con la vista entre tanto brillo, solo ofrece su especialidad recién horneada, los populares bollos rellenos con mermelada de ciruela, a las 20 horas; poco después solo quedan las migas.

Independientemente del motivo que lleva a los vieneses a las cafeterías, ya sea para relajarse, conversar, recuperar fuerzas, leer o para ver y dejarse ver, siempre salen ganando: la cafetería es un elixir de la vida; cuanto más tiempo se pasa en ella, mejor actúa.

La cultura de las cafeterías vienesas fue incorporada oficialmente al Patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO el 10 de noviembre de 2011.

CAFETERÌAS CLÀSICAS EN VIENA - Selección

Café Hawelka
Café Landtmann
Café Sacher
Café Central en Palais Ferstel
Café Goldegg
Café Sperl
Café Dommayer
Café Korb

Otras cafeterías vienesas

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