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    • Cafe in Vienna
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    Cafeterías: el salón de las artes

    Así lo hizo Sigmund Freud, y también Andy Warhol y Klimt. Todos pasaron incontables horas en una cafetería vienesa y es fácil ver por qué. El ir y venir, los rituales, y los amigos y compañeros con los que nos reunimos contribuyen a crear una atmósfera única.

    El café y su historia

    Las cafeterías y la cultura de las cafeterías son sinónimos de Viena. Sin embargo, para contar realmente la historia necesitamos viajar en el tiempo: a 1683 para ser precisos. El Imperio Otomano intentó de nuevo conquistar Viena. Esa épica batalla contra los otomanos fue librada por el Sacro Imperio Romano, liderado por la monarquía de los Habsburgo y Polonia-Lituania. Después de derrotar al ejército otomano, un general de la alianza polaco-lituana encontró sacos llenos de unas habas extrañas en el campamento que habían abandonado. Algunos pensaron que era pienso para los camellos o, peor aún, estiércol de camello. Pero el general experimentó con el entonces amargo brebaje, le añadió azúcar y leche, y finalmente creó una nueva bebida: el café.

    La nueva bebida fue tan bien recibida que en 1685 se abrieron rápidamente cafeterías por toda Viena y así nació la ahora famosa cultura de las cafeterías. En su apogeo en la década de 1910, había alrededor de 600 cafeterías en Viena.

    ¿Qué es lo que distingue a una cafetería vienesa?

    Si bien hay cafeterías en muchas ciudades europeas, el ambiente relajado de una cafetería vienesa es insuperable en todo el mundo. En ningún otro lugar se sirve café en una bandeja de plata, siempre acompañado con un vaso de agua y una cucharita en el borde del vaso. La etiqueta social, los rituales y la elegancia de los camareros con chalecos negros, que siempre se muestran un tanto resueltos, crean la atmósfera de las cafeterías vienesas.

    El interior de una cafetería tampoco ha cambiado apenas: mesas de mármol, sofás tapizados, la famosa silla Thonet n.º 14, así como los periódicos locales e internacionales en sus propios portaperiódicos de madera curvada. Sin embargo, siempre hay grandes excepciones, como el diseño distintivo del Café Prückel frente al Museo de Artes Aplicadas (MAK) de Viena, que se inspiró en la década de 1950. O la cadena de cafeterías Aida, que se puede reconocer fácilmente por su exterior e interior de color rosado.

    Las cafeterías vienesas son una institución muy especial que no se puede comparar con ninguna otra en el mundo.

    Café Sperl
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    Stefan Zweig (1881 - 1942)

    A principios del siglo XIX, las viviendas eran pequeñas, frías y oscuras. Los escritores, pintores, músicos, intelectuales y sus mecenas preferían reunirse en las cafeterías para charlar, leer, trabajar, jugar y hacer negocios. Y dado que las cafeterías ofrecían periódicos locales e internacionales de forma gratuita, rápidamente se convirtieron en un lugar donde todos podían acceder a la información.

    Alrededor de 1890, el Café Griensteidl se convirtió en el punto de encuentro más popular para un grupo de autores vieneses llamado la Joven Viena. Escritores como Hugo von Hofmannsthal, Karl Kraus y Arthur Schnitzler se conocieron allí, dando lugar al nacimiento de la literatura de las cafeterías. El autor Friedrich Torberg dijo que su libro La tía Jolesch es básicamente un libro sobre cafeterías. Sin embargo, también es un libro de melancolía que describe la vida de la burguesía judía en la monarquía austrohúngara de una manera ingeniosa y llena de humor.

    Café Hawelka / Café Hawelka
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    El punto de encuentro de los artistas de antaño…

    Mientras que los escritores se reunían en el famoso Café Griensteidl antes de mudarse al Café Central y al Café Herrenhof, el Café Landtmann fue visitado regularmente por el famoso psicoanalista Sigmund Freud y León Trotski antes de partir hacia Estados Unidos.

    Artistas como Klimt, Kokoschka, Schiele, Loos y Wagner eran asiduos del Café Museum. Una gran cafetería a la vuelta de la esquina de la Universidad de Artes Aplicadas, diseñada por Josef Zotti, alumno de Josef Hoffmann, que instaló bancos semicirculares para recrear el ambiente de un salón. Tras unas amplias reformas en 2010, se puede admirar el Café Museum en su esplendor original y además ofrece lecturas de escritores y poetas. Incluso durante la Gran Depresión, cuando visitar una cafetería era impensable, se dice que Stefan Zweig le pidió al camarero de su cafetería favorita que dejara su asiento libre mientras él se iba a casa a tomar un café. Un gesto que demuestra lo importante que eran las cafeterías en la vida cotidiana.

    Café Prückel, Vienna
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    ... y de hoy en día

    Como es sabido, la escena artística vienesa de los años 60 se reunía en el Café Hawelka, que apenas ha cambiado desde su inauguración en 1939, y en el Café Korb, donde su excéntrica propietaria, Susanne Widl, preside su pequeño imperio.

    Los clientes se sentaban (a menudo durante horas) junto a artistas como el fantasioso realista Ernst Fuchs, el polifacético artista y ecologista Friedensreich Hundertwasser, el surrealista Rudolf Hausner, el actor y artista de cabaret Helmut Qualtinger, el actor Oskar Werner (conocido por su papel de Guy Montag en Fahrenheit 451 de Ray Bradbury) o incluso el artista pop Andy Warhol, el escritor Arthur Miller y el actor Peter Ustinov.

    A día de hoy, las cafeterías vienesas siguen siendo toda una institución. Siguen siendo un lugar donde reunirse, dialogar y disfrutar de una buena compañía junto a una taza de café. Hoy en día, lo más probable es que te encuentres a los ministros del gobierno en el Zum Schwarzen Kameel, a artistas y estudiantes de arte en el Café Prückel (frente al MAK) o a actores y directores en el Café Landtmann, justo al lado del Burgtheater (Teatro Nacional de Austria en Viena). Las cafeterías todavía se ven como una extensión del salón de casa, donde uno pasa para encontrarse con amigos y tomar un café, una pequeña pausa que puedes disfrutar en todos los rincones de Viena.

      • Melange: expreso con leche y leche espumada
      • Einspänner: expreso, agua caliente y mucha crema de chantillí (nata montada)
      • Großer Brauner: doble moca con crema de chantillí (nata montada)
      • Kleiner Brauner: moca con crema de chantillí (nata montada)
      • Kapuziner: pequeño moca con unas gotas de crema de chantillí (nata montada)
      • Franziskaner: pequeño moca, agua caliente, leche caliente y crema de chantillí (nata montada)
      • Eiskaffee: expreso, leche fría y dos bolas de helado de vainilla

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